Ruben Rocha, ¿Vemos el bosque y no el árbol?
Y he aquí, una reacción casi inverosímil de las fuerzas identificadas con el gobierno morenista
José Luis B Garza
Al Centro
Los sucesos en la política mexicana, de los que difícilmente damos crédito, por lo inaudito e inesperados, son reales y no ficción.
El gobernador de un estado perteneciente al partido en el gobierno, requerido por los Estados Unidos, país que solicitó su arresto preventivo por una solicitud de extradición, junto con otros funcionarios de su gobierno y un senador de la misma entidad, desató una serie de efectos a nivel de gobierno federal.
Pero al margen de los que otros de los señalados por los órganos de justicia de la Unión Americana no concentramos, por ahora, en el caso del mandatario sinaloense, Rubén Rocha Moya.
La razón, decisiones del inculpado aludido para confrontar la demanda estadounidense.
Rocha Moya optó por solicitar un licencia, que se extendió por 112 días, durante los cuales no se tuvo conocimiento del lugar donde se encontraba o, al menos, no se hizo público.
Su ausencia y acusaciones fueron rebatidas por la misma presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien, reiteradamente, exigió que el gobierno estadounidense mostrara pruebas de de sus acusaciones.
La solicitud de extradición y arresto preventivo, que no tiene precedente, de un gobernador mexicano, causó una tremenda tormenta política y un eco estruendoso en los medios informativos.
Pero, inesperada, como sorprendentemente, Rocha Moya decidió concluir su licencia por decisión personal y asumir de nuevo la titularidad del poder ejecutivo sinaloense, el jueves anterior.
Y he aquí, una reacción casi inverosímil de las fuerzas identificadas con el gobierno morenista.
Los veintitantos gobernadores emanados de la llamada “cuarta transformación”; las fuerzas representativas de Morena; los líderes legislativos de ese partido y la misma presidenta coincidieron en expresar públicamente la descalificación de la decisión de Rocha Moya, con diferentes expresiones, argumentos y arrogancia.
Pero, lo aparentemente inaudito, Rocha Moya desistió de su aparente deseo de volver al gobierno (que no a gobernar) y emitió una segunda solicitud de licencia.
Aqui viene lo bueno.
A quienes nos gusta tratar e analizar, entender y ver efectos y consecuencias, no solamente dentro de Sinaloa, sino en el seno de Morena, vimos de primera impresión, un rompimiento interno en ese partido, que no lo excluimos si atendemos a principios básicos de leyes de la dialéctica y la innovadora teoría de la micropolítica del Dr. Alfredo Cuéllar.
Contemplamos el espectro político nacional si se le puede llamar así y lo que a lo largo de la historia ha ocurrido en política, donde fuerzas aparentemente unificadas encuentran un punto de rompimiento y contradicción. No abusaremos en la teórica política por ahora.
Pero vimos el bosque, no el árbol.
Que ocurrió durante esas más de 24 horas del día viernes durante las cuáles retornó como gobernador Rocha Moya.
Pensamos como analistas, no como bandidos.
Pensamos como creyentes del cumplimiento de la ley, no como inescrupulosos y corruptos políticos.
¿Somos ingenuos?, quizá.
Pero hay que preguntarse, cuantas cosas pudo hacer el revivido gobernador durante un poco más de un día ejerciendo el poder ejecutivo de nuevo.
¿Cuántos documentos pudo firmar?
¿Cuántas transacciones pudo hacer oficialmente en su último efímero papel de gobernador?
¿Cuántos contratos pudo validar?
¿Cuántas transferencias pudo autorizar?
¿Cuántas evidencias pudo anular?
Y muchos cuántos o cuántas más.
Para los supuestos anteriores sólo requeriría minutos, si la documentación estaba ya lista.
La pregunta es, reafirmando, qué hizo realmente el momentáneo gobernador durante su breve último ejercicio, investido de nuevo con sus facultades como titular del poder ejecutivo sinaloense.
¿Estamos delirando? Quizá. Pero la perversidad no tiene límites, ya no digamos ética. Eso nunca.
Pero no es sólo Sinaloa, porque ese es el epicentro de una irreductible lucha entre facciones de organizaciones delincuenciales e intereses transnacionales.
Es decir, las consecuencias de lo que el defenestrado gobernador pudo autorizar o anular tiene repercusiones más allá de la entidad.
Seguramente la nueva licencia solicitada será realmente definitiva.
Y, es pregunta, ¿el nuevo gobernador interino, será otra figura de la política sinaloense y no la dama que saboreó las mieles del poder por unos meses?.
Si nos equivocamos, como dicen los jóvenes de la actualidad… “no pasa nada”.
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José Luis B Garza
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