El tercer round comercial
Ayer cambió el mapa comercial, aunque México prácticamente conservó su lugar. Estados Unidos sustituyó el esquema arancelario anterior por uno nuevo
David Vallejo
Códigos de poder
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Las grandes negociaciones rara vez se ganan con un solo golpe. Se parecen más a una pelea larga, donde cada round superado acerca al triunfo. México acaba de terminar el tercero.
Mientras Donald Trump anunciaba nuevos aranceles para decenas de países, la tercera ronda de revisión del T-MEC concluyó con avances y una nueva cita para septiembre. En política comercial, seguir negociando siempre representa el primer triunfo. Mucho más cuando alrededor de 85% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos conserva el acceso libre de aranceles gracias al T-MEC.
Ayer cambió el mapa comercial, aunque México prácticamente conservó su lugar. Estados Unidos sustituyó el esquema arancelario anterior por uno nuevo, sustentado en la Sección 301 de su legislación comercial, utilizada en este caso para sancionar a países que, a juicio de Washington, mantienen controles insuficientes para impedir el comercio de mercancías elaboradas con trabajo forzoso. Cerca de sesenta economías quedaron sujetas al nuevo régimen. México mantuvo intacta su principal ventaja: las exportaciones que cumplen el T-MEC continúan entrando libres de arancel.
El mérito consiste en mantener la calma cuando todos miran el ruido. Ahí el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha sido un faro. Cada anuncio de Washington parecía anticipar una tormenta. Su respuesta ha sido la misma, explicar, poner cifras sobre la mesa y recordar que la posición competitiva de México permanece prácticamente intacta. En una negociación de esta magnitud, la serenidad también produce confianza.
La explicación de esa confianza puede encontrarse lejos de los escritorios donde se negocia. Imaginemos que en Tokio, Hiroshi Nakamura dirige una empresa de tecnología industrial. Su siguiente planta abastecerá al mercado estadounidense. Sobre la mesa aparecen Vietnam, Malasia, Corea del Sur y México. Si fabrica en Asia, sus equipos enfrentarán los aranceles aplicables al entrar a Estados Unidos, además del transporte marítimo y mayores tiempos de entrega. Si instala la planta en México, desarrolla una cadena regional de proveedores y cumple la regla de origen correspondiente del T-MEC, puede acceder al mercado estadounidense con la tarifa preferencial del tratado. La diferencia se repite en cada venta durante todos los años de operación. Hiroshi comprende que México puede permitirle ofrecer mejores precios, conservar mayor margen y entregar en cuestión de días. Toma la pluma y firma.
Al mismo tiempo, en Madrid, Javier Moreno, luego de las celebraciones por el Mundial, se toma el tiempo para analizar la expansión internacional de una empresa dedicada a infraestructura hospitalaria. Puede fabricar desde España y exportar directamente a Estados Unidos o establecer una planta en México. Desde Europa, cada embarque enfrentará los aranceles estadounidenses aplicables y el traslado transatlántico. Desde México, sus equipos pueden recibir el trato preferencial del T-MEC cuando incorporen los procesos e insumos regionales necesarios para cumplir la regla de origen. Esa diferencia mejora la rentabilidad del proyecto. Javier descubre que producir en México puede permitirle ofrecer mejores precios, conservar mayor margen y abastecer a sus clientes con mayor rapidez. La decisión termina exactamente donde comienza la siguiente inversión.
Los nombres son imaginarios. Las decisiones ocurren todos los días. Cada arancel impuesto al resto del mundo aumenta el valor estratégico de producir en México. Cada ronda del T-MEC que termina con avances fortalece esa percepción. Cada empresa que busca certidumbre encuentra un país que sigue ocupando un lugar privilegiado dentro de la economía más grande del planeta.
La negociación continúa. Vendrán temas complejos y momentos de tensión. Así funcionan las peleas importantes. Sin embargo, el marcador, hasta hoy, favorece a México. El tercer round quedó atrás. La campana volvió a sonar. El país sigue de pie y cada vez más empresas comienzan a verlo como el lugar donde conviene estar cuando el mundo levanta nuevas barreras.
¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y el equipo comercial de Trump no descubre que esta columna también se exporta.
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