Maribel Hastings/Asesora de America’s Voice
Consciente del rechazo de los estadounidenses a su agenda migratoria extremista, en su discurso sobre el estado de la Unión el presidente Donald Trump obvió el tema de las violentas detenciones y deportaciones que afectan incluso a niños, y no mencionó a los dos estadounidenses abatidos a tiros por ICE, Renee Nicole Good y Alex Pretti. Evadió el tema como el diablo a la cruz.
Y aunque sus índices de aprobación, sobre todo en inmigración, están por el suelo, echó mano de retórica, mentiras y exageraciones, y pintó a los inmigrantes y los demócratas como los culpables de todos los males del país.
Incluso dijo que “siempre permitiremos la entrada legal a aquellas personas que amen a nuestro país y trabajen duro para protegerlo”. Cínico comentario de un presidente que ha limitado drásticamente quiénes pueden ingresar o permanecer aquí legalmente como refugiados o asilados, y ha cancelado programas como el TPS deslegalizando a millones.
También mezcló el tema del fentanilo y la criminalidad con la inmigración en el contexto de la reducción de cruces de indocumentados por la frontera sur. La mayor parte del fentanilo ingresa a Estados Unidos por puertos de entrada regulares y en vehículos que conducen ciudadanos estadounidenses.
Insistió además en que se pida prueba de ciudadanía para “impedir que los inmigrantes ilegales y otras personas sin permiso voten en nuestras sagradas elecciones estadounidenses” alimentando su falsa narrativa de que el fraude electoral es rampante y que los no ciudadanos votan.
Aludió a teorías conspirativas de los supremacistas blancos al decir que “no podemos olvidar que muchos de los presentes en esta sala no solo permitieron que se produjera la invasión fronteriza antes de que yo interviniera, sino que, de hecho, volverían a hacerlo si tuvieran la oportunidad”.
Al escuchar a Trump y ver los terribles efectos que su política migratoria ha tenido sobre familias e individuos, sobre la economía, nuestra seguridad y nuestros derechos civiles, uno se pregunta cómo llegamos a este punto.
Cómo es posible que el 6 de noviembre de este 2026 se cumplan 40 años de la promulgación, por el presidente republicano Ronald Reagan, de la amnistía de 1986, la Ley de Reforma y Control de Inmigración (IRCA). Y que en 40 años de diversos presidentes y Congresos los dos partidos políticos hayan sido incapaces de reformar un sistema a todas luces roto.
En ese ir y venir una figura divisiva y antiinmigrante como Trump asciende al poder y con el aval de un Congreso de estrecha mayoría republicana y rodeado de asesores más extremistas que él, como Stephen Miller, inicia una literal cacería de personas que va más allá de los indocumentados. Incluye personas de color aunque sean residentes autorizados y ciudadanos, y a quienes se opongan a sus excesos o desaprueben su extremismo. Estos incluso pueden terminar muertos como los ciudadanos estadounidenses Good y Pretti.
Sin embargo, los sondeos nacionales describen a un público realmente asqueado por la violencia, la crueldad y el caos de la política migratoria de Trump desplegada en ciudades de Estados Unidos en tiempo real, como en Minneapolis.
El mensaje de Trump de que se centraría en sacar del país a criminales, a lo “peor de lo peor” resonó en sectores del electorado que le dieron su apoyo en las urnas.
Lo que ocurrió después es alarmante: detenciones indiscriminadas a cargo de agentes enmascarados, sin identificación visible, actuando violentamente, lanzando gases lacrimógenos a manifestantes ejerciendo su derecho a protestar, rompiendo cristales de autos para sacar a rastras a personas de sus vehículos, asaltando a embarazadas, personas de la tercera edad, discapacitados, veteranos de guerra, religiosos, usando niños como carnada o deteniéndolos y enviándolos a centros de detención, o depositando familias enteras en la frontera como si fueran objetos.
Los agentes mienten para justificar su violencia aunque los vídeos los desenmascaran. Sus superiores, incluyendo a Trump, también mienten y reina la impunidad sin rendición de cuentas.
Tras tanto exceso, la prensa reporta que de los 400,000 inmigrantes detenidos entre el 21 de enero de 2025 y el 31 de enero de 2026, el 86% carece de historial delictivo violento.
Pero tal parece que los estadounidenses están despertando. Un sondeo de este mes del NBC News Decisión Desk Poll encontró que “el 49 % de los adultos desaprueba firmemente la forma en que Trump ha gestionado la seguridad fronteriza y la inmigración, frente al 38 % que lo desaprobaba firmemente el verano pasado y el 34 % en abril”.
El dato más alentador es que 67% favorece una vía a la legalización para los indocumentados.
Y es que tras atestiguar la violencia de las detenciones y deportaciones quizá aumente la presión para soluciones sensatas y humanitarias a pesar de las mentiras de Trump.










