Shopping cart

Magazines cover a wide array subjects, including but not limited to fashion, lifestyle, health, politics, business, Entertainment, sports, science,

Alfredo Cuellar

Libros que siguen: Educación que se resquebraja

Email :40

EN SÍNTESIS

 

 

Por Alfredo Cuéllar

 

Se despide a una persona de un puesto clave y, sin mayor explicación, se afirma que “los libros siguen”. No hay balance público, no hay evaluación de decisiones, no hay revisión de daños ni de aprendizajes institucionales. Solo continuidad administrativa. El mensaje implícito es inquietante: el problema no era la persona; el rumbo no se discute.

 

Ese gesto —remover a un funcionario y declarar intacta la política que encabezaba— no es una señal de fortaleza institucional. Es, por el contrario, un síntoma de un Estado que administra la crisis sin nombrarla, que cambia piezas visibles mientras preserva inercias profundas. Cuando el relevo sustituye al análisis y la consigna reemplaza a la reflexión, lo que se protege no es la educación, sino la narrativa del poder.

 

En educación, este tipo de decisiones tiene un costo particular. No se trata solo de libros, programas o funcionarios. Se trata de una cadena larga de retrocesos que no comenzó ayer ni se resolverá con un ajuste cosmético.

Una década de deterioro educativo

 

Desde el inicio del sexenio anterior hasta hoy, la educación pública en México ha experimentado un proceso sostenido de debilitamiento. No fue una reforma fallida; fue una erosión progresiva de capacidades institucionales.

 

Los recortes presupuestales redujeron márgenes de acción. La desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación eliminó uno de los pocos contrapesos técnicos del sistema. La rotación constante de secretarios y altos funcionarios debilitó continuidad y liderazgo. Programas se abandonaron sin evaluación; planes de estudio se modificaron sin pilotaje serio. La formación de maestros en servicio fue mínima, fragmentada o simbólica.

 

Más grave aún fue el desprecio explícito por el conocimiento especializado. Académicos, investigadores, posgrados y redes internacionales dejaron de ser aliados estratégicos para convertirse en sospechosos ideológicos. Se redujeron congresos, publicaciones y apoyos a la investigación educativa. La educación perdió interlocución con la ciencia, la profesionalización docente y el pensamiento crítico organizado.

 

Nada de esto fue accidental. Fue coherente con una visión que confundió crítica con desmantelamiento y soberanía con aislamiento.

La NEM como organizadora del desorden

 

La Nueva Escuela Mexicana no explica por sí sola el deterioro educativo, pero sí lo organiza, lo legitima y lo normaliza. Se presenta como un nuevo paradigma, pero carece de claridad operativa, progresión pedagógica verificable y mecanismos sólidos de evaluación.

 

Bajo el discurso de lo comunitario y lo humanista, la NEM sustituyó el rigor por retórica, la evaluación por narrativa y la formación sistemática por improvisación. La integración curricular, sin una estructura disciplinar sólida, corre el riesgo de convertirse en dispersión. La ideología comenzó a ocupar el lugar del conocimiento.

 

No es una pedagogía del futuro; es una pedagogía sin aprendizaje profundo. Y cuando el aprendizaje se empobrece, no solo se afecta la escuela: se debilita la democracia, porque se erosionan las capacidades cognitivas necesarias para comprender, deliberar y decidir en lo público.

Educación 2026: escuelas lentas en un mundo acelerado

 

El desfase es evidente. Mientras la tecnología, la economía y la política operan a velocidad de algoritmo, el sistema educativo se mueve con inercias del siglo pasado. Las escuelas de élite incorporan inteligencia artificial, plataformas adaptativas y entornos híbridos. Muchas escuelas públicas siguen luchando por conectividad básica, dispositivos y formación docente.

 

El docente vive una paradoja: la tecnología puede potenciar su trabajo, pero también amenaza con reducirlo a un facilitador precario en un sistema que exige innovación sin recursos. En el aula se redefine la micropolítica cotidiana: estudiantes que usan IA sin guía pedagógica, directivos que exigen resultados sin condiciones reales, sistemas de evaluación que no saben qué medir ni cómo hacerlo.

 

La brecha ya no es solo educativa; es cognitiva, y crece con rapidez.

Lo que se perdió: aprender antes que enseñar

 

Quizá la pérdida más profunda no sea técnica, sino humana. La educación se fue vaciando de experiencia significativa. Se habla de inclusión, pero se descuida el aprendizaje real. Se invoca la emoción, pero se elimina la exigencia. Se proclama humanidad, pero se abandona al maestro y al alumno a la simulación.

 

Aprender siempre ha precedido a enseñar. El aprendizaje entra por el corazón, pero se consolida con rigor, acompañamiento y tiempo. Sin formación docente sólida, sin evaluación inteligente y sin respeto al conocimiento, el aula se convierte en escenario, no en espacio formativo.

Conclusión: detener la espiral

 

La educación mexicana no necesita un nuevo relato ni una consigna tranquilizadora. Necesita detener la improvisación, recuperar el valor del conocimiento y reconstruir capacidades institucionales.

 

Eso implica:

  • restituir una evaluación seria y autónoma,
  • reintegrar ciencia, posgrado e investigación al corazón del sistema,
  • profesionalizar al docente con formación real y continua,
  • reconstruir el diálogo académico nacional e internacional,
  • y sacar a la educación del campo de batalla ideológico.

 

Decir que “los libros siguen” no es garantía de continuidad educativa.

Es, hoy, la confirmación de que el deterioro sigue sin ser nombrado.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Related Posts