Shopping cart

Magazines cover a wide array subjects, including but not limited to fashion, lifestyle, health, politics, business, Entertainment, sports, science,

Invitado

La nueva gramática del poder

Email :3

Códigos de poder

David Vallejo

Las grandes transformaciones del orden internacional suelen percibirse con claridad cuando el tiempo las decanta, aunque en ocasiones la historia decide acelerarse y mostrarse en presente. Han transcurrido apenas tres meses de un año que ya se percibe como uno de los más convulsivos de la memoria reciente. En ese breve lapso el orden global comenzó a revelarse como un sistema en transición abierta, donde muchas de las certezas que durante décadas ofrecieron estabilidad han cedido su lugar a una dinámica marcada por la incertidumbre estratégica. Conflictos regionales persistentes, competencia tecnológica entre grandes potencias, tensiones comerciales y reconfiguraciones de alianzas han transformado la atmósfera del sistema internacional. En ese escenario, una variable política ha operado como catalizador del debate global. La figura de Donald Trump ha introducido una presión adicional sobre la arquitectura geopolítica contemporánea al cuestionar alianzas tradicionales, promover una visión transaccional de la política exterior estadounidense y alterar las expectativas de continuidad institucional que durante mucho tiempo estructuraron la relación entre Estados Unidos y sus socios. La sola posibilidad de una redefinición profunda del liderazgo estadounidense ha obligado a gobiernos, economistas y estrategas de distintos continentes a pensar con mayor urgencia la forma que podría adoptar el orden internacional en las próximas décadas.

En ese contexto emergen cuatro discursos que permiten leer el momento con una claridad poco común. El presidente finlandés Alexander Stubb, el primer ministro canadiense Mark Carney, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el presidente chino Xi Jinping han expuesto, desde tradiciones distintas, una disputa intelectual que trasciende la coyuntura y se instala en el terreno más profundo de la organización del poder global. Las cuatro intervenciones comparten un diagnóstico de fondo. El orden que surgió tras la Guerra Fría ha dejado de ofrecer una explicación suficiente para entender la dinámica actual del poder, del comercio, de la seguridad y del desarrollo. A partir de ese reconocimiento, cada uno intenta proponer una gramática distinta para ordenar una realidad que cambia de forma simultánea en los planos tecnológico, económico, estratégico y político.

La intervención de Stubb posee un tono de prudencia histórica que refleja la experiencia de un país formado en la proximidad de las grandes tensiones europeas. Desde esa memoria estratégica surge una defensa clara del orden basado en reglas, aun en medio de su evidente desgaste. En su discurso del 5 de marzo en el Raisina Dialogue de Nueva Delhi, Stubb sostuvo que el mundo vive una etapa de política de poder, con mayor agencia para nuevos actores y con el ascenso del Sur Global como fuerza decisiva en la configuración del próximo orden. Afirmó incluso que la era de un orden dominado por Occidente ha terminado. Su planteamiento central consiste en evitar que la erosión de las reglas desemboque en vacíos de poder ocupados por la fuerza desnuda. Más que proponer una refundación total del sistema, defendió la necesidad de preservar y fortalecer instituciones, normas y reglas internacionales, al tiempo que impulsa un orden multilateral más cooperativo, más representativo y más justo. Su visión podría describirse como una forma de realismo normativo, una lectura que reconoce la competencia entre potencias sin renunciar al valor político y civilizatorio de las reglas compartidas.

Carney observa el mismo proceso desde la economía política internacional. En su discurso del 20 de enero en Davos, describió una ruptura en el orden mundial y sostuvo que la ficción confortable del viejo orden basado en reglas se desvanece bajo la presión de la rivalidad entre grandes potencias. Su punto de partida se sitúa lejos del repliegue autárquico y también lejos de la continuidad acrítica del modelo anterior. Insiste en que los países intermedios conservan margen de acción si actúan juntos con honestidad estratégica y con capacidad para construir coaliciones eficaces. La importancia de su intervención radica en que desplaza el centro del debate desde la eficiencia abstracta de la globalización hacia una lógica donde la resiliencia, la autonomía estratégica, la legitimidad y la capacidad doméstica recuperan protagonismo. Carney sugiere una transición hacia un mundo en el que la interdependencia se entrelaza con la seguridad, con un enfoque que busca equilibrio entre apertura y protección, entre integración y capacidad nacional.

El discurso de Rubio introduce otro marco interpretativo, menos económico y mucho más político cultural. En su intervención del 14 de febrero en la Conferencia de Seguridad de Múnich, habló en nombre de una alianza histórica entre Estados Unidos y Europa y presentó a Occidente como una comunidad unida por lazos profundos de civilización, historia y cultura. Su énfasis se concentró en la necesidad de revitalizar esa comunidad frente al declive industrial, la fragilidad estratégica y decisiones políticas que, a su juicio, han debilitado a Europa y a la relación transatlántica. Rubio planteó una defensa enfática del vínculo entre Estados Unidos y Europa y llamó a recuperar fortaleza material y cohesión política dentro de ese espacio occidental. Su intervención incorpora con claridad la idea de una identidad compartida entre democracias occidentales, con un enfoque que se entiende mejor como una defensa política, cultural e industrial del bloque occidental en un momento de vulnerabilidad.

Xi Jinping articula una narrativa distinta que busca redefinir la legitimidad y el equilibrio del orden internacional desde una perspectiva china. En su discurso del 1 de septiembre en Tianjin, durante la reunión ampliada de la Organización de Cooperación de Shanghái, sostuvo que el mundo atraviesa un periodo de turbulencia y transformación y propuso una Iniciativa de Gobernanza Global. Su planteamiento combina varios elementos. Por una parte, insiste en la igualdad soberana, en una mayor representación y voz para los países en desarrollo y en una gobernanza más justa y equitativa. Por otra, reivindica el derecho internacional, los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el multilateralismo, al tiempo que rechaza unilateralismos, dobles raseros y la imposición de reglas por parte de unos pocos. La noción de una comunidad de futuro compartido para la humanidad funciona como el marco más amplio de esa propuesta. Desde esta perspectiva, la multipolaridad aparece como una condición para un equilibrio internacional más estable y para una redistribución de voz dentro del sistema global. Xi pone un acento especial en el desarrollo, la cooperación práctica y la reforma del sistema de gobernanza para que refleje mejor el peso del Sur Global.

El contraste entre estas cuatro visiones revela un punto de encuentro y una divergencia profunda. Existe coincidencia en que la estabilidad relativa de las décadas posteriores a la Guerra Fría ha cedido su lugar a una redistribución acelerada del poder. La diferencia surge en la forma de responder a esa transformación. Stubb intenta preservar y robustecer el orden basado en reglas en un mundo que ya dejó atrás la primacía indiscutible de Occidente. Carney propone que las potencias intermedias construyan un nuevo margen de maniobra a través de coaliciones pragmáticas, resiliencia y autonomía estratégica. Rubio llama a restaurar la fuerza política, cultural e industrial del espacio occidental. Xi defiende una reforma de la gobernanza global orientada hacia mayor equidad, mayor representación del mundo en desarrollo y una multipolaridad más estable.

El momento actual parece ubicarse en un umbral. Un punto en el que el orden anterior aún conserva parte de su lenguaje, aunque ha perdido una parte significativa de su capacidad explicativa, y el nuevo todavía carece de una forma definitiva. En esa zona intermedia se escriben los códigos del poder que responden a la interacción entre visiones que compiten por definir estabilidad, legitimidad, desarrollo, seguridad y autoridad en una época de transición abierta.

¿Voy a bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y el nuevo orden mundial lo permiten.

Placeres culposos: Mentira de Juan Gómez Jurado y viajar en familia.

Jaibas rellenas con tortillas de queso para Greis y Alo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Related Posts