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Alfredo Cuellar

CUANDO LA NACIÓN CELEBRA A SUS GUERREROS: Una lectura micropolítica del “State of the Union”

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EN SÍNTESIS

 

Por Alfredo Cuéllar*

 

El polémico informe de Trump acaba de concluir. Desde entonces, proliferan todo tipo de opiniones sobre su contenido, su forma, la veracidad de sus afirmaciones, sus exageraciones, sus invitados y sus silencios. Como en todo State of the Union, hubo cifras, promesas y disputas partidistas. Pero esta vez —como casi siempre en momentos de alta polarización— hubo algo más profundo: símbolos.

 

En el discurso reciente del presidente Donald Trump llamó la atención el peso emocional otorgado a figuras uniformadas: soldados, agentes fronterizos, fuerzas del orden. Los aplausos más prolongados, las pocas ocasiones en que la audiencia se puso de pie como si fuera una nación unificada, los momentos más solemnes y las historias más conmovedoras estuvieron vinculados a quienes encarnan la defensa, el sacrificio y el combate.

 

Ni siquiera el equipo de hockey que derrotó a Canadá por la medalla de oro escapó de esta lógica simbólica: también los atletas, en esta narrativa, son guerreros que libran batallas en canchas y estadios.

 

¿Y cómo se traduce esta simbología en la vida cotidiana?

 

Cuando la política adopta el lenguaje del combate, las instituciones encargadas de aplicar la ley dejan de percibirse como burocracias administrativas y comienzan a verse como fuerzas en campaña. En ese marco, los agentes del ICE no son simplemente funcionarios ejecutando órdenes migratorias: son presentados como guardianes que defienden la nación de una amenaza.

 

Si el agente es guerrero, el indocumentado deja de ser una persona en situación irregular y pasa a ser el “adversario”. Y quien cuestiona los métodos, quien pide proporcionalidad o debido proceso, corre el riesgo de ser ubicado simbólicamente del lado contrario: no como crítico, sino como obstáculo.

 

La narrativa no ordena explícitamente confrontación, pero la sugiere. Y en política, la sugerencia simbólica suele ser suficiente.

 

No es un gesto menor. Celebrar a los “guerreros” es una decisión narrativa. Y toda narrativa política revela una concepción del poder.

 

 

El Guerrero como figura simbólica

 

En términos de Micropolítica, el poder no se sostiene únicamente en instituciones formales; también se legitima mediante imágenes que organizan la emoción colectiva.

 

El guerrero cumple tres funciones simbólicas:

 

  1. Representa orden en tiempos percibidos como inciertos.
  2. Encarna disciplina frente a la fragmentación.
  3. Ofrece una narrativa de sacrificio que unifica.

 

Pero esa figura también presupone algo implícito: la existencia de amenaza. No hay guerrero sin adversario. No hay defensa sin peligro.

 

Cuando el discurso nacional enfatiza la defensa, está sugiriendo que la nación se concibe — o desea concebirse — como sitiada, aun cuando la amenaza no siempre sea objetiva sino percibida.

 

 

El desplazamiento del imaginario

 

Toda nación elige, consciente o inconscientemente, qué figuras elevar como espejo de sí misma.

 

Puede elegir al innovador.

Al maestro.

Al empresario.

Al científico.

Al trabajador comunitario.

A la víctima.

O puede elegir al guerrero.

 

Ninguna elección es neutra.

 

Cuando el aplauso central recae en quienes combaten, la identidad colectiva se articula alrededor del conflicto. El lenguaje cambia: protección, amenaza, frontera, fuerza. El horizonte se redefine en términos de seguridad más que de prosperidad o creatividad.

 

Esto no implica necesariamente una militarización literal del Estado. Implica, más bien, una reorientación simbólica del relato nacional.

 

Micropolítica del honor y la autoridad

 

En la Micropolítica, el honor es una herramienta poderosa. Reconocer públicamente a figuras uniformadas produce cohesión emocional inmediata. Pero también concentra legitimidad en estructuras jerárquicas.

 

El guerrero pertenece a un orden vertical. Obedece y manda. Protege y controla. Su presencia refuerza la idea de que la estabilidad depende de autoridad firme y disciplina clara.

 

Cuando esta figura domina el escenario simbólico, el espacio deliberativo — más horizontal y plural — tiende a reducirse en la imaginación pública. La política se aproxima al lenguaje del combate.

 

No es casualidad que, en contextos de polarización creciente, la retórica del honor y del sacrificio gane terreno. El conflicto ofrece claridad moral. Y la claridad moral simplifica el campo político.

 

Una lectura prudente

 

Nada de esto desmerece el servicio real de quienes arriesgan su vida por su país. La cuestión no es la dignidad del uniforme. La cuestión es el uso político del símbolo.

 

En el fondo, cuando una nación celebra con especial intensidad a sus guerreros, está revelando algo sobre su estado anímico colectivo. Está mostrando dónde percibe fragilidad y dónde busca fortaleza.

 

La Micropolítica nos enseña que los símbolos no solo describen una realidad; la producen.

 

Si el héroe central es el combatiente, la política tenderá a organizarse alrededor del conflicto. Si el héroe central es el constructor, la política tenderá a organizarse alrededor del proyecto.

 

El State of the Union no solo informa sobre el país. También sugiere qué tipo de país desea imaginar.

 

Y esa imaginación, silenciosa pero poderosa, es ya una forma de ejercicio del poder.

 

 

 

*Dr. Alfredo Cuéllar es creador de la disciplina de la Micropolítica y profesor retirado en Estados Unidos. Ha dedicado su vida académica al estudio del poder invisible en las organizaciones y en la vida pública, desarrollando un marco conceptual propio que analiza cómo los símbolos, las relaciones y las narrativas estructuran la autoridad. alfredocuellar@me.com

 

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